martes, 11 de agosto de 2009

La conmoción pasajera colombiana

Un agente estadounidense del servicio secreto requisa a un miembro colombiano de la guardia de honor el 11 de Marzo de 2007 antes de la llegada del entonces presidente George W. Bush en el aeropueto militar de Catam.
“¿Es que nadie se ha dado cuenta que Colombia está en guerra desde hace 60 años?"    Palabras del presidente Hugo Chávez, en entrevista con la periodista Vicky Dávila (RCN)

Nací el 18 de agosto de 1980. Siempre me ha encantado el hecho de estar marcado por el número ocho, que se asoma en el día, el mes y el año de mi fecha de nacimiento. Un número armónico y redondo, que cuando se pone perezoso y se acuesta, representa el infinito (∞). Un número atravesado por la muy latinoamericana CH, inmortalizada por  las creaciones de Chespirito y su Chavo del Ocho. 

Un 18 de agosto, mientras se celebraba mi noveno aniversario con una miniteca muy de los años ochenta, era baleado en Soacha el candidato liberal Luis Carlos Galán, virtual presidente de Colombia. La fiesta se vio brevemente interrumpida, para ver por televisión los momentos del hecho, la torpeza de los escoltas y una vida que se escapaba por los orificios de las balas. Conmoción pasajera, a la cual me he habituado como colombiano. Han pasado 20 años desde entonces, aun se investigan los hechos y el caso está pronto a prescribir.  Y como con el crimen de Jaime Garzón (13 de agosto), agosto se convierte en un mes de conmemoración de muertes.

Qué mejor que perder clases cuando se está en el colegio. Evadir la madrugada y oler a lo que respira el hogar entre semana. Y con la inocencia de un niño, una parte de mi se alegraba al saber que no habría colegio al día siguiente por el motivo que fuera, incluso por la muerte. Carlos Pizarro, Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo, José Antequera…Sin entender muy bien las motivaciones y creer equivocadamente que el General Maza Márquez era el adalid de la honestidad (hoy es investigado por su presunta participación en el crimen contra Galán), pensaba que tal vez así era como funcionaban los países.

Pero no. Colombia se ha habituado a la desigualdad y a estar en guerra consigo misma. Que por la guerrilla, que por el narcotráfico, que por los paramilitares, que por el ejército, que por las multinacionales… Y ahora, para mayor emoción, con los países vecinos y hermanos, con quienes compartimos desde los colores de la bandera.

Se comienzan a destapar las cartas. Sobre la reelección y sobre lo que queda y quedará.  Un país más problemático que nunca, cuya seguridad democrática interna se ha traducido en el aislamiento continental de su propia falta de democracia. Y por supuesto, como no, de la carencia de dignidad y soberanía.  

 

  

 


martes, 14 de julio de 2009

De visita a San José del Guaviare


San José del Guaviare se encuentra en una de las curvas que trae consigo el curso del río Guaviare. Un vuelo comercial diario con Bogotá y otros tantos vuelos militares y fumigadores, surcan sus amplios cielos. Temprano muy temprano y con algo de retraso sale el pequeño avión, para 19 pasajeros, alquilado por SATENA a SEARCA, Servicios Aéreos de Capurganá. “Lo bueno de viajar en esto es que con seguridad a uno le toca ventana”, comenta uno de los pasajeros. A bordo se distinguen un sacerdote y un militar.

Llegamos caminando del aeropuerto al Hotel Panorama, cómodo lugar, con habitaciones con TV por cable, grata cama y baño. Lejos del imaginario del Guaviare como lugar de selva abundante que muchos solemos tener, abundantes potreros, concreto a lo ciudad colombiana y muchas motos. Aquello no deja de sorprender, evidenciar que Colombia se conoce tan pronto se sale de Bogotá, la Colombia de tierra caliente, no sólo la de los Andes. Y qué decir cuando se visitan los llamados Territorios Nacionales.

El clima se debate entre días de calor intenso o de lluvia continúa, un ambiente de incierta humedad. Los primeros pasos por San José permiten conocerla poco a poco, un lugar en construcción, de colonización reciente y población realmente diversa. Colonos, indígenas, afros, militares, policías y funcionarios estatales y de organismos internacionales, señalan un paisaje multicolor, destacado en el caso de la belleza femenina como un “mestizaje sabroso”.Y vaya que así es. La comida es diversa y también sabrosa.

El Guaviare fue el escenario de la recientemente conmemorada y recontraconmemorada Operación Jaque, donde aparentemente la seguridad democrática logró el control sobre el norte del Guaviare y el sur del Meta. Para ello se emitieron diferentes documentales, así como el producido por el Ejército en todos los canales nacionales. La felicidad del general Montoya, hoy en el olvido luego de las denuncias por las ejecuciones extrajudiciales, parecía propia de la borrachera de la victoria. Junto con la yidis y la para política, entre otros y por saber, serán al parecer los amargos recuerdos del tiempo presente. Lo de mostrar, es lo que llaman la seguridad democrática, el fin del fin, el cual “será en Bogotá, y eso”, como manifestó uno de los tantos guaviarenses por adopción.

Y es que los cultivos de coca, el cambio en la estrategia de las FARC con el desdoblamientodel Frente 1 en el Frente 81 que ahora opera en Miraflores, el aumento del reclutamiento de menores, las fumigaciones y las minas antipersona, siguen a la orden del día. Sumados a un gobernador detenido por vínculos con Pedro Guerrero, alias Cuchillo, comandante paramilitar del Frente Héroes del Guaviare. Eso sí, militares y policías en esquinas, en ejercicio y en descanso.

En medio de todo, la población civil, colona e indígena, que padece una guerra donde la presencia estatal se camufla en el verde de los uniformes militares. Los indígenas, nukak, guayabero, sikuani y tucano, sometidos al desplazamiento, han encontrado refugio en resguardos próximos a los cascos urbanos. No siempre bajo las mejores condiciones, ni bajo un manejo acorde a su cultura, su lenguaje, sus necesidades. En ocasiones reciben la misma atención que la población desplazada. Y los cambios, con el conflicto, son inminentes. El nomadismo nukak, por ejemplo, no es enteramente aquel que buscaba acomodarse a los ciclos de la selva, sino el motivado por el dinero que trae consigo la ilegalidad de la coca. Los colonos felices, el sistema de endeude vigente y los nukak borrachos.

Con todo y pese a ello, el Guaviare es un lugar agradable, que respira aún la novedad de su colonización, poblada por gente amablemente noble. Epicentro no visto de la esencia misma de la seguridad democrática, la confrontación y la promesa del fin del fin. Con una nueva reelección, el fin o el comienzo, se asoman aun más difusos. Más aun para el Guaviare y para los nukak.

Sabía usted que…

...al regresar, el aeropuerto de San José estaba acordonado? ¿El motivo? La visita relámpago, a la cafetería del aeropuerto, del presidente Álvaro Uribe, para firmar dos billones de pesos para construir carreteras en el departamento. “Con esta carretera le vamos a quitar el pasaporte a los bandidos para que la utilicen los ciudadanos de bien. De eso nos encargamos el Ejército y yo, ustedes dedíquense a cultivar palma y a generar trabajo", fueron sus palabras. ¿Los ciudadanos de bien cultivan palma?


…al día siguiente una caravana institucional encabezada por el alcalde de San José fue atacada a 50 kilómetros del caso urbano San José, en La Carpa. El resultado fue un concejal secuestrado. ¿Seguridad democrática con rango limitado de influencia?


…llegará un nuevo actor a todo esto? Aja. Llegará de la mano de la exploración de petróleo por parte de una multinacional extranjera del curso medio del río Guaviare, en zona de resguardos indígenas.


…hay significativa población afrocolombiana en el Guaviare? Así es. Vinculados desde los años ochenta como docentes, familias provenientes del Chocó forman parte del universo del Guaviare.


…San José fue colonizado desde los años cincuenta? El lugar se ve aun en plena construcción, se instalan tubos de agua y de gas natural. La presencia estatal y de cooperación internacional es significativa. Instituciones como ACNUR, PNUD y CODHES están en la jugada.


…hay un diseñador llamado John Estrada? Se considera abanderado de la moda nukak con la promoción hace unos años de una modelo nukak y de diseños nukak. Recientemente promocionó la vajilla nukak en almácenes Carrefour. ¿Moda con causa social o lucro personal?


…San José no se escapa a la moda nukak? Se observan en sus vitrinas maniquís con el característico maquillaje nukak, así como un Café Nómada y otro Makú, recomendados para el turista y funcionario institucional.


…en el Guaviare se observan salir constantemente aviones encargados de las fumigaciones contra los “cultivos ilícitos”? También se registran extraños casos, como el de un bebé de tres meses que no siente dolor, por lo que se hace daño sin sentirlo. ¿Héroe en potencia o mutación infame?


…que a continuación se presentan algunas imágenes de la visita?

Río Guaviare...

Antena en el lugar equivocado

Residencias Guaviare, gobernación y plaza



El central park en San José

No de limosna...

Colombianadas en San José...

Lista para ser montada...la moto...

Hamburguesas McKonal...

Sapito a cambio de cita incumplida

La zona rosa de San José


lunes, 18 de mayo de 2009

VANALIDADES dice “no gracias” a una nueva reelección en Colombia


Bueno, estudie la historia de su país, deje la democracia colombiana tranquilita.

Respuesta de Álvaro Uribe a BBC Mundo ante la pregunta: ¿Usted quiere ser presidente de Colombia cuatro años más?

“El señor Uribe es la más rara de las bestias: presidente antidemocrático, proamericano y dispuesto hacia la guerra antiterrorista”.

The Economist, mayo 2009

¿Futuro? ¿Estás ahí? ¿Era verdad aquello de epidemias y dictadores, de desarrollo tecnológico y miseria humana a lo novela futurista? Oh futuro, ¿estás arropado en las telas blancas y quirúrgicas de vacunas, chuzadas y tapabocas?

En Colombia aún se hacen listas. Listas de mercado más bien poco, por lo general la economía es del día a día, comprando los ingredientes inmediatos del almuerzo. Son comunes también, las listas con nombres de personas cuya seguridad personal está advertida. “Salió una lista”, suele ser un rumor frecuente en los pueblos de Colombia. La publicación de ciertos nombres determina aquellos quienes deben abandonar el lugar, o de no, someterse a los designios de la “limpieza” social.

Los autores de estas listas son las Águilas Negras, nombre genérico que desde ya ocupan un sitial en Wikipedia. En resumidas cuentas se trata de “una nueva forma de paramilitarismo”, que ha ocupado el territorio dejado por los antiguos grupos paramilitares y continua intimidando a la población civil.

Con lista incluida. Ah, verdad ¿y el proceso de paz con los grupos paramilitares? Ah, cierto, los extraditaron… ¿Ah sí? Sí, ya no hay autodefensas sino aguilas negras, cuestión de forma.

En el discurso todo se reduce a que la política actual es tan buena que hay que garantizar su continuidad. El presidente Álvaro Uribe habla del triángulo conformado por la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social. No se sabe muy bien a cuál de los tres pertenecen las listas. Bien podría suponerse que a la seguridad y a la cohesión social, lo que favorece la confianza inversionista.  

Esto, porque se comenta que quienes están en las listas son “ladrones y viciosos”. Algunos con inocencia sincera opinan que quienes integran la lista, incluso merecen  estar allí. Que es bueno para el pueblo, así se evitan los robos, los disgustos y los pleitos. La seguridad y la cohesión. La eliminación de los “malos”, porque los “buenos somos más”, principio incorporado con fuerza por la sociedad colombiana. Principio que entraña violencia, dolor y guerra.

En Quibdó la gente poco sale de noche. Temen pisar bolsas negras, temiendo lo peor sobre su contenido. Los posibles autores, la guerrilla. Ah, pero verdad que la guerrilla está derrotada, ¿no? Ah, no, que ya casi, que por eso toca prolongar la política de seguridad democrática. Ah… ¿pero sin guerrilla se solucionan todos los males de Colombia? …

No sorprende observar cómo de la trilogía de Uribe, ha salido la “lucha contra la politiquería”. Los múltiples escándalos  que entrañan los vinculos entres sectores políticos, militares, paramilitares y narcotraficantes ya no le permiten enarbolar la bandera de la santidad. Los negocios de sus hijos, las chuzadas telefónicas ilegales y los falsos positivos. Por el contrario, su figura empieza a tomar otros visos, como ya lo empieza a observar la prensa internacional, víctima de su apertura hacia las otras preguntas que sí quiere responder. 

Si el presidente quiere otra pregunta en vez de aquella de si quiere ser reelegido, yo respondo: no gracias a una nueva reelección en Colombia. Sigamos el consejo hostil del presidente, estudiemos la democracia colombiana. Bueno, claro está, si es que aceptamos que aun existe.

Links de interés y utilizados: 

Editorial de The Economist sobre Alvaro Uribe, “Retrato del presidente colombiano”: http://www.economist.com/displayStory.cfm?Story_ID=E1_TTDVPTRG

Entrevista a Alvaro Uribe en BBC Mundo, “Crónica de lo que dijo y no dijo Uribe”.  www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2009/05/090504_1210_uribe_entrevista_jm.shtml

 

 

 

miércoles, 22 de abril de 2009

Manual de conversaciones políticas en familia



“…lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades…”    

Carta Abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar (1977)

Una noche de sábado o una tarde de domingo familiar se pueden ver afectadas por la nebulosa de las conversaciones políticas. “No hables ni de religión ni de política con extraños”, se nos debería advertir en vez de la recomendación ancestral de “no hablar con extraños”. ¡Qué sería de la vida si no habláramos con extraños! Y cuando se habla con aquellos a quienes se conoce, se debería añadir que si se habla de política o religión, se debe ser conciente frente a quien se habla. El asunto no es callar. El asunto es saber expresar, de uno y otro lado. Tengo un tío cura…

De las pequeñas lecciones se sacan grandes aprendizajes. Como cuando una muy querida profesora destacaba que es mejor ir a las cuestiones positivas primero, para pasar a lo negativo, privilegiar el contenido sobre la forma. Pero siempre evitar los radicalismos que invisibilizan los puntos medios. Matizar el gris.

En ese anhelo de poder hablar de política en familia, recomiendo anotar lo positivo de la contraparte. Es un ejercicio bien difícil. A ver, ¿qué reconoce uno del gobierno Uribe? Que sí, que es un presidente que para bien o para mal ejerce el poder. Que gobierna. Y lo hace con elocuente habilidad. Sí, que es sagaz. Que efectivamente ha gozado de victorias militares contra las guerrillas. ¿Qué más? Que la seguridad habrá mejorado en cuanto a la movilidad por las carreteras. ¿Qué más?... ¿el proceso de paz con los paramilitares? Hmmm…no creo…

Lo siento, hablo de este lado.

Pero el diálogo está dado. Te reconozco esto, pero… Acudo a Rodolfo Walsh, escritor alzado en pluma y enfrentado hasta la muerte con las dictaduras en la Argentina, quien manifestaba desde su posición: “lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”.  Y lo mismo puede argumentarse en este caso, intentando siempre reconocer la posición de la contraparte.

Los aciertos. El liderazgo de Uribe. La necesidad de mano firme luego del gobierno blando e insulso de Pastrana. Para unos un acierto, para otros un error. El error de quien se eterniza en el poder, del ejercicio de un liderazgo personalizado con tintes mesiánicos. Sí, un presidente muy hábil, quien mediatiza su personalidad y fabrica su imagen.

Un círculo que se ha posicionado con destreza en el poder, que hasta cuenta con un consejero medievalmente odioso tanto como su nombre. Rodeado, eso sí, de casualidades que van más allá de la contingencia de las coincidencias. Los congresistas uribistas vinculados con la parapolítica, la influencia de los paramilitares en las elecciones, las relaciones de parentesco y amistad con círculos narcotraficantes y paramilitares, las reuniones palaciegas, la oscuridad que rodea a la primera reelección…

…y a la segunda que viene en camino…

Otros consideran como gran acierto la Operación Jaque. Sin cuestionar el derecho primordial a la libertad y lo inaceptable que resulta el secuestro como recurso político, la expresión encierra el supuesto paso previo a la derrota del rey, en este caso las FARC. A quien mataron fue a Reyes, para Colombia todo un acierto, para Ecuador la violación a su soberanía. Si bien las FARC se encuentran rezagadas ante el acoso oficial, ¿ha cesado la violencia? Ahí, tenemos un punto de quiebre. El gran acierto que entraña el craso error de la seguridad democrática, donde prevalece la primera y la segunda sirve de adorno cómplice de una estrategia que tiene extrañas nociones de lo que es convivir. ¿O las Convivir?

Luego aparecen los errores declarados. El gobierno lamenta la muerte que produce, lamenta ser un agente de violencia. Fueron un error los falsos positivos, los rescates fallidos, las chuzadas telefónicas, las agresiones a la marcha indígena, la impunidad de la reparación… Impera el planteamiento de la fuerza, del 6% del PIB destinado al  gasto militar y de una lucha ciega e ignorante contra las “drogas”. El discurso de la seguridad democrática. El discurso de la violencia como recurso democrático, donde las muertes son botín de guerra.

¿Y qué hay de lo que no sabemos? ¿De lo que sabremos? Día a día brotan semillas de escándalos, vínculos y torcidos donde se favorecen hasta los hijos presidenciales. Preocupa el afán de eternizar a alguien en el poder, de no legislar en el presente sino para perpetuar a futuro. Y perpetuar un discurso de  fuerza a la brava, de poca tolerancia hacia posiciones contrarias.

Así que dialoguemos. ¿Aciertos o errores? ¿Errores o crímenes? El diálogo está dado. Tenemos mucho de que hablar…


miércoles, 8 de abril de 2009

Lolita a mi edad


A mi edad, mi padre ya tenía dos hijos. Mi otra abuela ojeaba nacer nietos, uno tras a otro. A mi edad, ni soy padre, ni mi madre es abuela. O sí lo somos, bajo la figura blanca, canina y muppet de Lolita.

Como toda relación de pareja, la nuestra sufre de emociones y fricciones, descensos y ascensos. La relación con mi madre y con Lolita. Como en toda relación. Y Lolita llegó a llenar el vacío de emociones y desgastes.

Su presencia me inspira el más profunda amor. Confío en ella el calor hacia mis ancestros, aquellos abuelos y abuelas que partieron sin responder mi curiosidad incluso indiscreta. El cariño eterno hacia la familia que a duras penas veo, hacia aquellos que por circunstancias me puedo tropezar y ni siquiera reconocer, a los amigos que se fueron, que están y que regresarán. Hacia quienes me acompañaron en sueños como meras posibilidades pero como realidades en dimensiones paralelas.  Hacia quienes alguna vez estuvieron y siempre estarán.

En ocasiones lamento no poder darle una educación. Conversar sobre sus impresiones sobre la “realidad”. Lamento exigirle más allá de su naturaleza curiosamente mordelona. Me arrepiento de regaños desproporcionados, reclamos airados, de la violencia física para hacerme entender. Del tiempo que le dedico y que le pudiera dedicar. Lejos de culpas, sé que como sea ahí estoy. 

A la edad de Lolita, nueve meses, yo a duras penas comía y dormía. Crecía. Lolita vive a su ritmo, entre el frenesí de la pereza y la ansiedad de la excitación. Yo vivo al mío, tal vez, entre el frenesí de la excitación y la ansiedad que trae consigo la pereza. 


miércoles, 1 de abril de 2009

Buscando visa


“…con mil papeles de solvencia
que no les dan pa ser sinceros…”

Buscando visa para un sueño

Juan Luis Guerra

Solo lo había visto en películas. Un teléfono separado por un vidrio, como sucede en una cárcel. Los interlocutores de frente se miran mientras se comunican por la bocina. En esta ocasión no sabía muy bien quien era el prisionero y quien el visitante.

En Colombia existe la cédula de identidad, que por estos días debe ser renovada, ante lo cual es inevitable padecer una espera de hasta tres años. Pero también existe otra cédula que otorga prestigio y caché, aceptación ante el mundo: la visa norteamericana, requisito para pisar el imperio en crisis y salvoconducto que facilita el trámite de las visas a Europa o México.

El trámite para la visa empieza con una llamada telefónica, en donde se es atendido por una operadora cuya voz maquinal y latina de Miami intenta guiar al “solicitante” en el proceso que recién se inicia. Toda pregunta, cuya respuesta se salga del libreto, suele ser contestada con un seco “eso se lo dejo a su consideración señor…”. Y bueno allí se viene el pin, número que brinda la posibilidad de pagar US$340 por el sí o por el no. Si se multiplica por los miles de asistentes al día, por cinco días a la semana, por tantas semanas al año, muestra que el negocio no está para nada mal.

Luego sigue la llenada de los formularios y la consecución de los papeles que permitan certificar que uno solo quiere ir de visita y que no se va a quedar. Ante los formularios le embarga a uno la inquietud de si será estratégico poner o no poner que se viajó a Cuba, Ecuador y/o Venezuela en los últimos diez años. Para un agente federal podría ser perfectamente una ronda por países que entran a formar parte del eje del mal. Por fortuna, en este caso, nunca he pisado suelo de Irán o Corea del Norte. Los soportes buscan mostrar que sí tengo algo en el banco y que tengo un trabajo. Hasta pensé llevar una foto de Lolita para certificar mis responsabilidades en Colombia.

Y luego el día decisivo. La cita en la embajada. Una larga fila donde se acumulan los citados de  7:00 a 7:30, junto a otra fila con aquellos quienes madrugamos para la cita entre 9:00 y 9:30. Perfectamente cabría una tutela por invasión del espacio público, pero… Funcionarias colombianas con uniforme del departamento de estado norteamericano revisan la documentación, descartan fotos que no cumplen con los porcentajes de frente y nariz reglamentarios e instruyen con altivez a quienes tienen dudas. Una voz replica que si no se pega la gente a la reja, uno detrás de otro, se suspende el ingreso. El gran hermano habla y regaña en la voz femenina de los altoparlantes.

El paisaje humano trae de todo. Un grupo de san andresanos exhiben su inglés isleño, madre e hija riohachera emperifolladas, personajes de la farándula que se ven como uno más del montón, una familia de Cartagena, de hijos grandes y hermosa hija, un político guajiro con su esposa e hijo, una madre con un joven que parece por vez primera parece acompañar su pelo parado vestido de sastre y corbata, dos monas de piel estirada y atiborrada de polvos, niñas de colegio en uniforme que probablemente perdieron con mucho gusto y caché un día de clases.  

Y lo que se vienen son filas y espera. Un galpón acondicionado con sillas, venta de comida en el “Grab n go” o café. Fila para entregar los papeles y fila para la toma de huellas, no sin la previa recomendación: “Favor limpiarse las manos de sudor” Y es que la gente suda, una posible negativa, para algunos una más en el acumulado, produce más que sudor. Algunos otros optimistas aprovechan la espera para llenar de antemano de la consignación del envío del pasaporte y la nueva visa. Un grupo es asignado para pasar a la “cita” vía teléfono con el agente consular.

Y la espera. La gente lee, mira al techo, conversa o una que otra mujer, curiosamente guapa, camina de un lado a otro como encerrada en una cárcel.

Voces de todos los tonos anuncian los grupos y la ventanilla donde se debe pasar. La del agente de la ventanilla 17 produce risas, su acento norteamericano permite un asomo de frescura en medio de la espera. Un adolescente intenta dormir en el refugio de su capucha, hostil hacia el mundo exterior encarnado en su mamá. “El grupo 457 favor pasar a la ventanilla 2”. La mamá se levanta y el adolescente molesto la increpa: “¿Qué parte de 457 no entendiste?”. Su grupo es el 456.

Y la respuesta final. “Tengo visa, ufff…”. Ojos lagrimosos, cargados de alegría y de frustración. Manos en la cadera que descansan o que lamentan la negativa. Ojos que se dirigen al piso y buscan escapar de allí, ojos que se dirigen a la estación final: el envío por correo de la visa obtenida. 

“Nos van a dejar barriendo la embajada…”, se escucha mientras se recogen las sillas y se empieza a cerrar las labores del día. Una paloma recorre tranquilamente el recinto, por fortuna suya, sus alas no la hacen prisionera de las fronteras humanas.

Finalmente pasamos, que cuántas veces se ha ido, qué que se hace, qué que familiares viven allá. “Usted está aceptado”. ¿Gracias? Pues sí. Aunque quizás sería bueno devolverles algún día la experiencia a la que todos aquellos países que exigen visa a los colombianos nos someten a diario. 

martes, 10 de marzo de 2009

Crónica de viajes en Transmilenio


“Desde su inicio el proyecto se enfocó en mover más gente con menos autobuses” 

Jairo Fernando Páez, gerente de Transmilenio

Hay quienes lo defienden como la más grande realización bogotana de los últimos tiempos. Que es la machera, limpio y sin vallenato ruidoso, hasta al chofer se le prohíbe hablar. Que ha promovido una cultura ciudadana de respeto hacia ancianos, mujeres embarazadas, niños y discapacitados privilegiados con las sillas azules, esperando que los colores no tengan ningún mensaje subliminal frente a los equipos de la capital. Lleno en ocasiones, pero rápido. Que le cambió la cara a la ciudad y como ejemplo se refiere la Caracas, de troncal pastranista a línea peñalosista. “Orgullo capital”, reza el slogan de la compañía.

Otros tantos, lo consideran un sistema obsoleto que se está quedando y se quedará corto, cuyo precio del pasaje crece como los pasajeros arrumados en filas en la taquilla, a la entrada y a la salida del bus y la estación. Y que lo rápido es un decir si se suman las filas a la espera en medio de trancones, arreglos cíclicos del concreto de la vía y hasta bloqueos de apoyo de la familia DMG. Rematan y dicen que es una especie del monorriel que embaucó a los habitantes de Springfield y que en lo posible es mejor evitar tomarlo. “Transmilleno” o “Transinfierno”, es su mote popular.

Transmilenio, como la política, la religión y el fútbol, despierta todo tipo de odios, amores y pasiones.

Deposito mi confianza y entrego en ocasiones el honor de mi puntualidad a Transmilenio. Es una alternativa que sacrifica la comodidad, incluso la lectura de unas cuántas páginas, a favor de la rapidez. Digo “rapidez”, si comparo entre ir en Transmilenio y en  un bus regular, donde se es víctima de los caprichos del chofer, de los semáforos, de los trancones, de las paradas aquí y allá, del arrume.

Producto de los designios del destino y del sistema, me encuentro en una estación que inevitablemente me depara un trasbordo. Una vez en la estación que me conducirá a mi destino final, espero frente a la puerta de vidrio. Observo los tiempos de llegada que marcan las pantallas. Gente llega y se arruma a la entrada. Miro a quienes también esperan y veo a un trío de desconocidos, un cuarteto si se me suma, todos nosotros con algo en común: nos aferramos a unos audífonos que susurran sonidos que aligeran el agobio y simulan compañía.

Cuando el bus está lleno y el tiempo apura, no existe otro recurso que abrirse espacio. Cuerpos se rozan sin saberlo, nunca antes ni después estos desconocidos estarán tan cerca. La cercanía, sin embargo, incomoda. Las miradas se dirigen al piso, ignoran al otro. Estás tan cerca que ni te siento.

Algunos miran sin ver, se refugian en la compañía de algún conocido, escapan con los ritmos y voces que acompañan su viaje, estudian cómo funcionan los tribunales o repasan el código aduanero. Transmilenio se convierte en una aula de clases para algunos, quienes sobreviven en el día y estudian en la noche, o como colombianos de bien, que estudian rumbo al examen. Los dedos tantean las pertenencias propias, nunca se sabe, son miles las historias de robos.

En ocasiones las miradas se buscan. Complicidad al compartir una misma situación efímera. Ojos que se encuentran en ocasiones. Ojos que suscitan una curiosidad intensa y fugaz, con la alegría de ver lo que tal vez nunca jamás se verá.

Se abren las puertas y se es escupido al mundo exterior. Acaba el trayecto. Pero se mantienen las preguntas sobre el negocio de Transmilenio. ¿De quién es? ¿Cuánto gana el distrito? ¿Cuánto se ha gastado? ¿Por qué los precios suben? ¿Sillas azules o tarifas diferenciales? ¿Transmilenio a largo plazo? ¿Metro?

La Ñapa:  

Transmilenio es un sistema que tomó la experiencia de transporte en Curitiba e innovó implantando estaciones funcionales para ambas direcciones al contar con las puertas de sus buses en el costado izquierdo. El esquema establece que la ciudad recibe el 3% de las utilidades, a la vez que es la encargada de la inversión y el mantenimiento en infraestructura, hasta colabora con la seguridad y la limpieza de las estaciones. El restante se lo reparten los consorcios privados de transportadores. Las vías nunca parecen estar terminadas y siempre hay un tramo en reparación por lo que se invade el carril de los autos particulares. El sobrecupo se tolera pero no se justifica. Recién hasta hace poco se estableció la posibilidad de comprar y recargar las tarjetas. Transmilenio es un padre modelo que ha dado hijos a lo largo de la geografía nacional: el MIO caleño, el Metrolínea bumangués, el eterno Transcaribe cartagenero, el Transmetro barranquillero... Un modelo que con pañitos de agua tibia enfrenta el caos del transporte público en Colombia. ¿Un ejemplo digno de imitar o de evitar? No hay vuelta atrás. 


Tomada de Bacteria, bacteriaopina.blogspot.com

lunes, 23 de febrero de 2009

Hay, High o Jay festival: pura paja con buenas intenciones


Hay (en inglés): heno, paja.

Aún no existe acuerdo sobre su pronunciación en español. Por lo general se le llama Jay Festival, así, con una hache disfrazada de jota, del mismo modo en el sentido contrario. Se trata de un festival de artes y literatura, originado en Gales, en un pueblecito llamado Hay-on-Wye. Desde Gales, brincó a otros lugares, como sucedió con Cartagena desde el año 2006.

En el fondo se pueden rastrear las huellas de una iniciativa con buenas intenciones. Se invitan intelectuales, escritores, cineastas, periodistas y músicos, para que el público evidencie su existencia de carne y hueso, y se arriesgue a interactuar con ellos. Formar nuevos públicos, dicen, con precios accesibles. Se abren espacios similares en Riohacha, de la mano del brazo benefactor de El Cerrejón y algunos de los presentes, extienden su presencia en el Carnaval de las Artes en Barranquilla o en escenarios de Bogotá, como sucedió con Salman Rushdie y el grupo musical Asian Dub Foundation. Todo eso permite que el país sirva como escala de eventos, personalidades, conciertos y flashes.

Sin embargo, el festival no logra zafarse de un tufillo de trivialidad, elitismo, anecdotismo y frivolidad. Pese a esfuerzos por hacer actividades en los sectores marginados de la ciudad heroica, el festival no deja de ser un evento. Uno más, que corrobora la conversión de la ciudad amurallada en un centro de convenciones. Ideal para reinados de belleza tanto como para encuentros binacionales. Lo de heroica permanece por la persistencia de sus habitantes, sometidos a una ciudad bien desigual y sometida a la voracidad, para bien o para mal, del turismo y sus matices.

Es entendible que el evento busque no ser riguroso, ni académico. Otra cosa es rayar en lo trivial. Tristemente, el balance final puede tan solo redundar en replicar una anécdota ajena. Ajena, pero de un intelectual. Vaya consuelo. El festival no debe perder su intención formativa y de apertura, de verdadera apertura en cuanto a invitados y asistentes. Sobre los eventos en Riohacha se comentaba que eran los mismos en las mismas, ensalzados con el invitado de turno. Tal vez, el Festival debería concentrarse en una sola temática, para no pecar por abordarlo todo y a la vez dejar nada. Como cuando se anuncian documentales que no se presentan y en su lugar se brinda un conversatorio sobre la pieza que no se exhibe, como sucedió con Barbet Schroeder y su documental El Abogador del Terror. 

Lo que quedan son anécdotas, fotos con famosos, carcajadas pasajeras, intelectuales convertidos en figuras faranduleras, que agotan boletas por sus shows centrales: Rushdie, Monsiváis y Vallejo. La reventa de entradas y el rebusque que trae consigo el evento. En la fila, un autor de Córdoba  promociona su más reciente obra. Rebusque literario. También quedan referencias de nuevos autores y libros, autografiados, como no, dada la coincidencial ubicación del puesto de venta de la Librería Nacional, que también coincidencialmente cuenta con las obras de los conferencistas.

Queda la sensación de haber pagado por escuchar pura paja y una que otra idea interesante. Algunos afortunados recibieron a la entrada el extraño detalle de un patrocinador: un sobre de sopa en polvo, cortesía de pastas La Muñeca. Queda la sensación de guardar anécdotas o máximas ajenas. Bien tenía razón el auténtico Juan Villoro, quien produjo risas de auto burla al afirmar que “La gente no soporta a los charlatanes pero siempre los escucha”.

La ñapa:

Una anécdota para no ir en contravía del espíritu del Hay Festival. En el Quiebra Canto cartagenero, escampadero habitual de la rumba literaria, recibo una curiosa propuesta. El prototipo del gringo cuarentón, bronceado y rubio, me reta a un pulso. “¿Igual vas a ganar?”, replico y me escabullo. Facilito la concurrencia de otro contendor, se miden la fuerza de la mano derecha (gana el gringo) y de la izquierda (gana el chileno). ¿Señales de la política mundial? No lo sé. Tras el conciliador empate, el gringo confiesa la necesidad de liberar ansiedad física, su mente se encuentra invadida de polvo blanco colombiano. De ahí la extraña propuesta de un pulso por parte de un turista, gringo y embalado en Cartagena. Un matiz del turismo cartagenero. ¿Aceptarían su reto?

Caricatura tomada de: El Universal, Cartagena, febrero 3, 2009.