lunes, 18 de mayo de 2009

VANALIDADES dice “no gracias” a una nueva reelección en Colombia


Bueno, estudie la historia de su país, deje la democracia colombiana tranquilita.

Respuesta de Álvaro Uribe a BBC Mundo ante la pregunta: ¿Usted quiere ser presidente de Colombia cuatro años más?

“El señor Uribe es la más rara de las bestias: presidente antidemocrático, proamericano y dispuesto hacia la guerra antiterrorista”.

The Economist, mayo 2009

¿Futuro? ¿Estás ahí? ¿Era verdad aquello de epidemias y dictadores, de desarrollo tecnológico y miseria humana a lo novela futurista? Oh futuro, ¿estás arropado en las telas blancas y quirúrgicas de vacunas, chuzadas y tapabocas?

En Colombia aún se hacen listas. Listas de mercado más bien poco, por lo general la economía es del día a día, comprando los ingredientes inmediatos del almuerzo. Son comunes también, las listas con nombres de personas cuya seguridad personal está advertida. “Salió una lista”, suele ser un rumor frecuente en los pueblos de Colombia. La publicación de ciertos nombres determina aquellos quienes deben abandonar el lugar, o de no, someterse a los designios de la “limpieza” social.

Los autores de estas listas son las Águilas Negras, nombre genérico que desde ya ocupan un sitial en Wikipedia. En resumidas cuentas se trata de “una nueva forma de paramilitarismo”, que ha ocupado el territorio dejado por los antiguos grupos paramilitares y continua intimidando a la población civil.

Con lista incluida. Ah, verdad ¿y el proceso de paz con los grupos paramilitares? Ah, cierto, los extraditaron… ¿Ah sí? Sí, ya no hay autodefensas sino aguilas negras, cuestión de forma.

En el discurso todo se reduce a que la política actual es tan buena que hay que garantizar su continuidad. El presidente Álvaro Uribe habla del triángulo conformado por la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social. No se sabe muy bien a cuál de los tres pertenecen las listas. Bien podría suponerse que a la seguridad y a la cohesión social, lo que favorece la confianza inversionista.  

Esto, porque se comenta que quienes están en las listas son “ladrones y viciosos”. Algunos con inocencia sincera opinan que quienes integran la lista, incluso merecen  estar allí. Que es bueno para el pueblo, así se evitan los robos, los disgustos y los pleitos. La seguridad y la cohesión. La eliminación de los “malos”, porque los “buenos somos más”, principio incorporado con fuerza por la sociedad colombiana. Principio que entraña violencia, dolor y guerra.

En Quibdó la gente poco sale de noche. Temen pisar bolsas negras, temiendo lo peor sobre su contenido. Los posibles autores, la guerrilla. Ah, pero verdad que la guerrilla está derrotada, ¿no? Ah, no, que ya casi, que por eso toca prolongar la política de seguridad democrática. Ah… ¿pero sin guerrilla se solucionan todos los males de Colombia? …

No sorprende observar cómo de la trilogía de Uribe, ha salido la “lucha contra la politiquería”. Los múltiples escándalos  que entrañan los vinculos entres sectores políticos, militares, paramilitares y narcotraficantes ya no le permiten enarbolar la bandera de la santidad. Los negocios de sus hijos, las chuzadas telefónicas ilegales y los falsos positivos. Por el contrario, su figura empieza a tomar otros visos, como ya lo empieza a observar la prensa internacional, víctima de su apertura hacia las otras preguntas que sí quiere responder. 

Si el presidente quiere otra pregunta en vez de aquella de si quiere ser reelegido, yo respondo: no gracias a una nueva reelección en Colombia. Sigamos el consejo hostil del presidente, estudiemos la democracia colombiana. Bueno, claro está, si es que aceptamos que aun existe.

Links de interés y utilizados: 

Editorial de The Economist sobre Alvaro Uribe, “Retrato del presidente colombiano”: http://www.economist.com/displayStory.cfm?Story_ID=E1_TTDVPTRG

Entrevista a Alvaro Uribe en BBC Mundo, “Crónica de lo que dijo y no dijo Uribe”.  www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2009/05/090504_1210_uribe_entrevista_jm.shtml

 

 

 

miércoles, 22 de abril de 2009

Manual de conversaciones políticas en familia



“…lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades…”    

Carta Abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar (1977)

Una noche de sábado o una tarde de domingo familiar se pueden ver afectadas por la nebulosa de las conversaciones políticas. “No hables ni de religión ni de política con extraños”, se nos debería advertir en vez de la recomendación ancestral de “no hablar con extraños”. ¡Qué sería de la vida si no habláramos con extraños! Y cuando se habla con aquellos a quienes se conoce, se debería añadir que si se habla de política o religión, se debe ser conciente frente a quien se habla. El asunto no es callar. El asunto es saber expresar, de uno y otro lado. Tengo un tío cura…

De las pequeñas lecciones se sacan grandes aprendizajes. Como cuando una muy querida profesora destacaba que es mejor ir a las cuestiones positivas primero, para pasar a lo negativo, privilegiar el contenido sobre la forma. Pero siempre evitar los radicalismos que invisibilizan los puntos medios. Matizar el gris.

En ese anhelo de poder hablar de política en familia, recomiendo anotar lo positivo de la contraparte. Es un ejercicio bien difícil. A ver, ¿qué reconoce uno del gobierno Uribe? Que sí, que es un presidente que para bien o para mal ejerce el poder. Que gobierna. Y lo hace con elocuente habilidad. Sí, que es sagaz. Que efectivamente ha gozado de victorias militares contra las guerrillas. ¿Qué más? Que la seguridad habrá mejorado en cuanto a la movilidad por las carreteras. ¿Qué más?... ¿el proceso de paz con los paramilitares? Hmmm…no creo…

Lo siento, hablo de este lado.

Pero el diálogo está dado. Te reconozco esto, pero… Acudo a Rodolfo Walsh, escritor alzado en pluma y enfrentado hasta la muerte con las dictaduras en la Argentina, quien manifestaba desde su posición: “lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”.  Y lo mismo puede argumentarse en este caso, intentando siempre reconocer la posición de la contraparte.

Los aciertos. El liderazgo de Uribe. La necesidad de mano firme luego del gobierno blando e insulso de Pastrana. Para unos un acierto, para otros un error. El error de quien se eterniza en el poder, del ejercicio de un liderazgo personalizado con tintes mesiánicos. Sí, un presidente muy hábil, quien mediatiza su personalidad y fabrica su imagen.

Un círculo que se ha posicionado con destreza en el poder, que hasta cuenta con un consejero medievalmente odioso tanto como su nombre. Rodeado, eso sí, de casualidades que van más allá de la contingencia de las coincidencias. Los congresistas uribistas vinculados con la parapolítica, la influencia de los paramilitares en las elecciones, las relaciones de parentesco y amistad con círculos narcotraficantes y paramilitares, las reuniones palaciegas, la oscuridad que rodea a la primera reelección…

…y a la segunda que viene en camino…

Otros consideran como gran acierto la Operación Jaque. Sin cuestionar el derecho primordial a la libertad y lo inaceptable que resulta el secuestro como recurso político, la expresión encierra el supuesto paso previo a la derrota del rey, en este caso las FARC. A quien mataron fue a Reyes, para Colombia todo un acierto, para Ecuador la violación a su soberanía. Si bien las FARC se encuentran rezagadas ante el acoso oficial, ¿ha cesado la violencia? Ahí, tenemos un punto de quiebre. El gran acierto que entraña el craso error de la seguridad democrática, donde prevalece la primera y la segunda sirve de adorno cómplice de una estrategia que tiene extrañas nociones de lo que es convivir. ¿O las Convivir?

Luego aparecen los errores declarados. El gobierno lamenta la muerte que produce, lamenta ser un agente de violencia. Fueron un error los falsos positivos, los rescates fallidos, las chuzadas telefónicas, las agresiones a la marcha indígena, la impunidad de la reparación… Impera el planteamiento de la fuerza, del 6% del PIB destinado al  gasto militar y de una lucha ciega e ignorante contra las “drogas”. El discurso de la seguridad democrática. El discurso de la violencia como recurso democrático, donde las muertes son botín de guerra.

¿Y qué hay de lo que no sabemos? ¿De lo que sabremos? Día a día brotan semillas de escándalos, vínculos y torcidos donde se favorecen hasta los hijos presidenciales. Preocupa el afán de eternizar a alguien en el poder, de no legislar en el presente sino para perpetuar a futuro. Y perpetuar un discurso de  fuerza a la brava, de poca tolerancia hacia posiciones contrarias.

Así que dialoguemos. ¿Aciertos o errores? ¿Errores o crímenes? El diálogo está dado. Tenemos mucho de que hablar…


miércoles, 8 de abril de 2009

Lolita a mi edad


A mi edad, mi padre ya tenía dos hijos. Mi otra abuela ojeaba nacer nietos, uno tras a otro. A mi edad, ni soy padre, ni mi madre es abuela. O sí lo somos, bajo la figura blanca, canina y muppet de Lolita.

Como toda relación de pareja, la nuestra sufre de emociones y fricciones, descensos y ascensos. La relación con mi madre y con Lolita. Como en toda relación. Y Lolita llegó a llenar el vacío de emociones y desgastes.

Su presencia me inspira el más profunda amor. Confío en ella el calor hacia mis ancestros, aquellos abuelos y abuelas que partieron sin responder mi curiosidad incluso indiscreta. El cariño eterno hacia la familia que a duras penas veo, hacia aquellos que por circunstancias me puedo tropezar y ni siquiera reconocer, a los amigos que se fueron, que están y que regresarán. Hacia quienes me acompañaron en sueños como meras posibilidades pero como realidades en dimensiones paralelas.  Hacia quienes alguna vez estuvieron y siempre estarán.

En ocasiones lamento no poder darle una educación. Conversar sobre sus impresiones sobre la “realidad”. Lamento exigirle más allá de su naturaleza curiosamente mordelona. Me arrepiento de regaños desproporcionados, reclamos airados, de la violencia física para hacerme entender. Del tiempo que le dedico y que le pudiera dedicar. Lejos de culpas, sé que como sea ahí estoy. 

A la edad de Lolita, nueve meses, yo a duras penas comía y dormía. Crecía. Lolita vive a su ritmo, entre el frenesí de la pereza y la ansiedad de la excitación. Yo vivo al mío, tal vez, entre el frenesí de la excitación y la ansiedad que trae consigo la pereza. 


miércoles, 1 de abril de 2009

Buscando visa


“…con mil papeles de solvencia
que no les dan pa ser sinceros…”

Buscando visa para un sueño

Juan Luis Guerra

Solo lo había visto en películas. Un teléfono separado por un vidrio, como sucede en una cárcel. Los interlocutores de frente se miran mientras se comunican por la bocina. En esta ocasión no sabía muy bien quien era el prisionero y quien el visitante.

En Colombia existe la cédula de identidad, que por estos días debe ser renovada, ante lo cual es inevitable padecer una espera de hasta tres años. Pero también existe otra cédula que otorga prestigio y caché, aceptación ante el mundo: la visa norteamericana, requisito para pisar el imperio en crisis y salvoconducto que facilita el trámite de las visas a Europa o México.

El trámite para la visa empieza con una llamada telefónica, en donde se es atendido por una operadora cuya voz maquinal y latina de Miami intenta guiar al “solicitante” en el proceso que recién se inicia. Toda pregunta, cuya respuesta se salga del libreto, suele ser contestada con un seco “eso se lo dejo a su consideración señor…”. Y bueno allí se viene el pin, número que brinda la posibilidad de pagar US$340 por el sí o por el no. Si se multiplica por los miles de asistentes al día, por cinco días a la semana, por tantas semanas al año, muestra que el negocio no está para nada mal.

Luego sigue la llenada de los formularios y la consecución de los papeles que permitan certificar que uno solo quiere ir de visita y que no se va a quedar. Ante los formularios le embarga a uno la inquietud de si será estratégico poner o no poner que se viajó a Cuba, Ecuador y/o Venezuela en los últimos diez años. Para un agente federal podría ser perfectamente una ronda por países que entran a formar parte del eje del mal. Por fortuna, en este caso, nunca he pisado suelo de Irán o Corea del Norte. Los soportes buscan mostrar que sí tengo algo en el banco y que tengo un trabajo. Hasta pensé llevar una foto de Lolita para certificar mis responsabilidades en Colombia.

Y luego el día decisivo. La cita en la embajada. Una larga fila donde se acumulan los citados de  7:00 a 7:30, junto a otra fila con aquellos quienes madrugamos para la cita entre 9:00 y 9:30. Perfectamente cabría una tutela por invasión del espacio público, pero… Funcionarias colombianas con uniforme del departamento de estado norteamericano revisan la documentación, descartan fotos que no cumplen con los porcentajes de frente y nariz reglamentarios e instruyen con altivez a quienes tienen dudas. Una voz replica que si no se pega la gente a la reja, uno detrás de otro, se suspende el ingreso. El gran hermano habla y regaña en la voz femenina de los altoparlantes.

El paisaje humano trae de todo. Un grupo de san andresanos exhiben su inglés isleño, madre e hija riohachera emperifolladas, personajes de la farándula que se ven como uno más del montón, una familia de Cartagena, de hijos grandes y hermosa hija, un político guajiro con su esposa e hijo, una madre con un joven que parece por vez primera parece acompañar su pelo parado vestido de sastre y corbata, dos monas de piel estirada y atiborrada de polvos, niñas de colegio en uniforme que probablemente perdieron con mucho gusto y caché un día de clases.  

Y lo que se vienen son filas y espera. Un galpón acondicionado con sillas, venta de comida en el “Grab n go” o café. Fila para entregar los papeles y fila para la toma de huellas, no sin la previa recomendación: “Favor limpiarse las manos de sudor” Y es que la gente suda, una posible negativa, para algunos una más en el acumulado, produce más que sudor. Algunos otros optimistas aprovechan la espera para llenar de antemano de la consignación del envío del pasaporte y la nueva visa. Un grupo es asignado para pasar a la “cita” vía teléfono con el agente consular.

Y la espera. La gente lee, mira al techo, conversa o una que otra mujer, curiosamente guapa, camina de un lado a otro como encerrada en una cárcel.

Voces de todos los tonos anuncian los grupos y la ventanilla donde se debe pasar. La del agente de la ventanilla 17 produce risas, su acento norteamericano permite un asomo de frescura en medio de la espera. Un adolescente intenta dormir en el refugio de su capucha, hostil hacia el mundo exterior encarnado en su mamá. “El grupo 457 favor pasar a la ventanilla 2”. La mamá se levanta y el adolescente molesto la increpa: “¿Qué parte de 457 no entendiste?”. Su grupo es el 456.

Y la respuesta final. “Tengo visa, ufff…”. Ojos lagrimosos, cargados de alegría y de frustración. Manos en la cadera que descansan o que lamentan la negativa. Ojos que se dirigen al piso y buscan escapar de allí, ojos que se dirigen a la estación final: el envío por correo de la visa obtenida. 

“Nos van a dejar barriendo la embajada…”, se escucha mientras se recogen las sillas y se empieza a cerrar las labores del día. Una paloma recorre tranquilamente el recinto, por fortuna suya, sus alas no la hacen prisionera de las fronteras humanas.

Finalmente pasamos, que cuántas veces se ha ido, qué que se hace, qué que familiares viven allá. “Usted está aceptado”. ¿Gracias? Pues sí. Aunque quizás sería bueno devolverles algún día la experiencia a la que todos aquellos países que exigen visa a los colombianos nos someten a diario. 

martes, 10 de marzo de 2009

Crónica de viajes en Transmilenio


“Desde su inicio el proyecto se enfocó en mover más gente con menos autobuses” 

Jairo Fernando Páez, gerente de Transmilenio

Hay quienes lo defienden como la más grande realización bogotana de los últimos tiempos. Que es la machera, limpio y sin vallenato ruidoso, hasta al chofer se le prohíbe hablar. Que ha promovido una cultura ciudadana de respeto hacia ancianos, mujeres embarazadas, niños y discapacitados privilegiados con las sillas azules, esperando que los colores no tengan ningún mensaje subliminal frente a los equipos de la capital. Lleno en ocasiones, pero rápido. Que le cambió la cara a la ciudad y como ejemplo se refiere la Caracas, de troncal pastranista a línea peñalosista. “Orgullo capital”, reza el slogan de la compañía.

Otros tantos, lo consideran un sistema obsoleto que se está quedando y se quedará corto, cuyo precio del pasaje crece como los pasajeros arrumados en filas en la taquilla, a la entrada y a la salida del bus y la estación. Y que lo rápido es un decir si se suman las filas a la espera en medio de trancones, arreglos cíclicos del concreto de la vía y hasta bloqueos de apoyo de la familia DMG. Rematan y dicen que es una especie del monorriel que embaucó a los habitantes de Springfield y que en lo posible es mejor evitar tomarlo. “Transmilleno” o “Transinfierno”, es su mote popular.

Transmilenio, como la política, la religión y el fútbol, despierta todo tipo de odios, amores y pasiones.

Deposito mi confianza y entrego en ocasiones el honor de mi puntualidad a Transmilenio. Es una alternativa que sacrifica la comodidad, incluso la lectura de unas cuántas páginas, a favor de la rapidez. Digo “rapidez”, si comparo entre ir en Transmilenio y en  un bus regular, donde se es víctima de los caprichos del chofer, de los semáforos, de los trancones, de las paradas aquí y allá, del arrume.

Producto de los designios del destino y del sistema, me encuentro en una estación que inevitablemente me depara un trasbordo. Una vez en la estación que me conducirá a mi destino final, espero frente a la puerta de vidrio. Observo los tiempos de llegada que marcan las pantallas. Gente llega y se arruma a la entrada. Miro a quienes también esperan y veo a un trío de desconocidos, un cuarteto si se me suma, todos nosotros con algo en común: nos aferramos a unos audífonos que susurran sonidos que aligeran el agobio y simulan compañía.

Cuando el bus está lleno y el tiempo apura, no existe otro recurso que abrirse espacio. Cuerpos se rozan sin saberlo, nunca antes ni después estos desconocidos estarán tan cerca. La cercanía, sin embargo, incomoda. Las miradas se dirigen al piso, ignoran al otro. Estás tan cerca que ni te siento.

Algunos miran sin ver, se refugian en la compañía de algún conocido, escapan con los ritmos y voces que acompañan su viaje, estudian cómo funcionan los tribunales o repasan el código aduanero. Transmilenio se convierte en una aula de clases para algunos, quienes sobreviven en el día y estudian en la noche, o como colombianos de bien, que estudian rumbo al examen. Los dedos tantean las pertenencias propias, nunca se sabe, son miles las historias de robos.

En ocasiones las miradas se buscan. Complicidad al compartir una misma situación efímera. Ojos que se encuentran en ocasiones. Ojos que suscitan una curiosidad intensa y fugaz, con la alegría de ver lo que tal vez nunca jamás se verá.

Se abren las puertas y se es escupido al mundo exterior. Acaba el trayecto. Pero se mantienen las preguntas sobre el negocio de Transmilenio. ¿De quién es? ¿Cuánto gana el distrito? ¿Cuánto se ha gastado? ¿Por qué los precios suben? ¿Sillas azules o tarifas diferenciales? ¿Transmilenio a largo plazo? ¿Metro?

La Ñapa:  

Transmilenio es un sistema que tomó la experiencia de transporte en Curitiba e innovó implantando estaciones funcionales para ambas direcciones al contar con las puertas de sus buses en el costado izquierdo. El esquema establece que la ciudad recibe el 3% de las utilidades, a la vez que es la encargada de la inversión y el mantenimiento en infraestructura, hasta colabora con la seguridad y la limpieza de las estaciones. El restante se lo reparten los consorcios privados de transportadores. Las vías nunca parecen estar terminadas y siempre hay un tramo en reparación por lo que se invade el carril de los autos particulares. El sobrecupo se tolera pero no se justifica. Recién hasta hace poco se estableció la posibilidad de comprar y recargar las tarjetas. Transmilenio es un padre modelo que ha dado hijos a lo largo de la geografía nacional: el MIO caleño, el Metrolínea bumangués, el eterno Transcaribe cartagenero, el Transmetro barranquillero... Un modelo que con pañitos de agua tibia enfrenta el caos del transporte público en Colombia. ¿Un ejemplo digno de imitar o de evitar? No hay vuelta atrás. 


Tomada de Bacteria, bacteriaopina.blogspot.com

lunes, 23 de febrero de 2009

Hay, High o Jay festival: pura paja con buenas intenciones


Hay (en inglés): heno, paja.

Aún no existe acuerdo sobre su pronunciación en español. Por lo general se le llama Jay Festival, así, con una hache disfrazada de jota, del mismo modo en el sentido contrario. Se trata de un festival de artes y literatura, originado en Gales, en un pueblecito llamado Hay-on-Wye. Desde Gales, brincó a otros lugares, como sucedió con Cartagena desde el año 2006.

En el fondo se pueden rastrear las huellas de una iniciativa con buenas intenciones. Se invitan intelectuales, escritores, cineastas, periodistas y músicos, para que el público evidencie su existencia de carne y hueso, y se arriesgue a interactuar con ellos. Formar nuevos públicos, dicen, con precios accesibles. Se abren espacios similares en Riohacha, de la mano del brazo benefactor de El Cerrejón y algunos de los presentes, extienden su presencia en el Carnaval de las Artes en Barranquilla o en escenarios de Bogotá, como sucedió con Salman Rushdie y el grupo musical Asian Dub Foundation. Todo eso permite que el país sirva como escala de eventos, personalidades, conciertos y flashes.

Sin embargo, el festival no logra zafarse de un tufillo de trivialidad, elitismo, anecdotismo y frivolidad. Pese a esfuerzos por hacer actividades en los sectores marginados de la ciudad heroica, el festival no deja de ser un evento. Uno más, que corrobora la conversión de la ciudad amurallada en un centro de convenciones. Ideal para reinados de belleza tanto como para encuentros binacionales. Lo de heroica permanece por la persistencia de sus habitantes, sometidos a una ciudad bien desigual y sometida a la voracidad, para bien o para mal, del turismo y sus matices.

Es entendible que el evento busque no ser riguroso, ni académico. Otra cosa es rayar en lo trivial. Tristemente, el balance final puede tan solo redundar en replicar una anécdota ajena. Ajena, pero de un intelectual. Vaya consuelo. El festival no debe perder su intención formativa y de apertura, de verdadera apertura en cuanto a invitados y asistentes. Sobre los eventos en Riohacha se comentaba que eran los mismos en las mismas, ensalzados con el invitado de turno. Tal vez, el Festival debería concentrarse en una sola temática, para no pecar por abordarlo todo y a la vez dejar nada. Como cuando se anuncian documentales que no se presentan y en su lugar se brinda un conversatorio sobre la pieza que no se exhibe, como sucedió con Barbet Schroeder y su documental El Abogador del Terror. 

Lo que quedan son anécdotas, fotos con famosos, carcajadas pasajeras, intelectuales convertidos en figuras faranduleras, que agotan boletas por sus shows centrales: Rushdie, Monsiváis y Vallejo. La reventa de entradas y el rebusque que trae consigo el evento. En la fila, un autor de Córdoba  promociona su más reciente obra. Rebusque literario. También quedan referencias de nuevos autores y libros, autografiados, como no, dada la coincidencial ubicación del puesto de venta de la Librería Nacional, que también coincidencialmente cuenta con las obras de los conferencistas.

Queda la sensación de haber pagado por escuchar pura paja y una que otra idea interesante. Algunos afortunados recibieron a la entrada el extraño detalle de un patrocinador: un sobre de sopa en polvo, cortesía de pastas La Muñeca. Queda la sensación de guardar anécdotas o máximas ajenas. Bien tenía razón el auténtico Juan Villoro, quien produjo risas de auto burla al afirmar que “La gente no soporta a los charlatanes pero siempre los escucha”.

La ñapa:

Una anécdota para no ir en contravía del espíritu del Hay Festival. En el Quiebra Canto cartagenero, escampadero habitual de la rumba literaria, recibo una curiosa propuesta. El prototipo del gringo cuarentón, bronceado y rubio, me reta a un pulso. “¿Igual vas a ganar?”, replico y me escabullo. Facilito la concurrencia de otro contendor, se miden la fuerza de la mano derecha (gana el gringo) y de la izquierda (gana el chileno). ¿Señales de la política mundial? No lo sé. Tras el conciliador empate, el gringo confiesa la necesidad de liberar ansiedad física, su mente se encuentra invadida de polvo blanco colombiano. De ahí la extraña propuesta de un pulso por parte de un turista, gringo y embalado en Cartagena. Un matiz del turismo cartagenero. ¿Aceptarían su reto?

Caricatura tomada de: El Universal, Cartagena, febrero 3, 2009. 


  

viernes, 13 de febrero de 2009

El fútbol palenquero: expresión de absoluta libertad


San Basilio de Palenque suele ser sinónimo de Kid Pambelé, el campeón mundial de boxeo, cuya notoriedad facilitó la llegada de la luz eléctrica al lugar que lo vio nacer. Sus proezas y sus logros, no los borra ni el tiempo ni sus escándalos producto de la bruma del exceso que trae de la noche a la mañana el buen vivir. Recientemente se construyó un coliseo en el colegio, con el objeto de promover nuevos talentos y éxitos como fueron en su momento los de Kid Pambelé y los hermanos Cardona.

Aun se ven niños que practican golpes y defensas al caminar. De madrugada es posible observar un joven aplicado, que lanza golpes de suerte al destino, mientras los gallos apenas inician los cantos de un nuevo día. Se conocen personajes que refieren sus experiencias en el ring y lamentan que lo único a lo que se le pone atención es al fútbol. Como en todo el país.

De manera religiosa, a eso de las cinco de la tarde, se observan hombres que caminan con zapatos en la mano. El trabajo en el monte de la mañana y el abrumador calor del medio día, tienen su recompensa en la tarde de fútbol en el campo de fútbol. La cancha, se encuentra vecina al cementerio y recientemente empieza a estar rodeada por casas de bahareque llamadas “la invasión”. Efectivamente no hay gramado. Se trata de un polvero irregular, con dos arcos en los extremos, cuyas líneas laterales son por un lado una cerca de púas y por otro un barranco. El balón rebota ante los designios caprichosos de las grietas de barro.

Allí se dan cita todas las tardes personajes variados, tanto así como sus apodos. El Gusano, Kin, Nene, Niño, Masacre, Palomo, Joao, organizados en equipos ancestralmente establecidos. Unos juegan descalzos, otros con un pie en un guayo y el otro a pata pelada, algunos otros calzados. Un forastero como yo, foco de miradas curiosas y apelativos diversos, que van desde lo argentino hasta lo cachaco, puede ser bautizado desde el genérico parce, hasta el reciente Sherman o el insólito remoquete de Copérnico.

A falta de un árbitro se cuentan con 22 referees, más los suplentes y espectadores ocasionales. No se pita una sola falta, tan solo las manos. Las jugadas de penales son resueltas con la salomónica decisión de decretar un tiro de esquina. El primer equipo en recibir gol se encuentra condenado a jugar sin camiseta, hecho que evidentemente facilita la distinción entre el equipo rival y el propio. Siluetas negras y fibrosas, corren tras un balón, olvidando todo y venciendo el polvo. 

El sol empieza a caer agónicamente, un atardecer digno de una foto, pero el ritmo de juego no lo permite. Los partidos suelen terminar apretados y el equipo acosado, empieza a decir que ya no se ve. La luz se esconde, el partido fenece y los alegatos irrumpen. Gritos, reclamos y puyas, que agonizan mientras cada quien camina junto, para pronto partir caminos rumbo al baño.

El fútbol palenquero es la expresión misma de absoluta libertad. Expresión de la esencia misma del pueblo palenquero, eternizado con la frase de ser “el primer pueblo libre de América”, gracias a la huida y emancipación del negro cimarrón Benkos (Domingo) Biohó. Así como el fútbol palenquero no requiere de un árbitro, el pueblo no necesita ni cuenta con un puesto de policía. Un ejemplo de libertad absoluta, que para mis tobillos, brazos y piernas en ocasiones resultó algo extremo.

nicolas08@gmail.com

 

 

 

miércoles, 11 de febrero de 2009

Lolita y Timmy


Como sucede con los seres que se quieren y con los que se convive, la distancia empieza a borrar sus rasgos, voces y olores. La memoria se aferra a los recuerdos de lo cotidiano, aquellos que a ratos parecen tan comunes y corrientes, pero que en otros parajes se vuelven incomparables.

Por vez primera me separé de Lolita. Ya son casi veinte días. Siempre estuve a su lado, desde el momento en que la separamos de su madre para que compartiera nuestra rutina, pendiente de ella y cobijándola con una compañía paternal, humana y protectora. En la distancia extraño sus volteadas de cabeza, sus ladridos y locuras. Me aferro a los recuerdos, pero la extraño.

Y de la experiencia en la distancia, en San Basilio de Palenque, lo que evidencio son diferencias y comparaciones. Así como no es igual la crianza y el trato hacia los niños, crecidos de forma silvestre y autónoma, caso similar sucede con los perros. En casa de nuestros anfitriones se encontraba Timmy, un canino negro, flaco y simpático, protector ruidoso frente a la puerta de la casa.

Timmy está pelado, llevao, como quien dice. “Por andar echao en la ceniza”, es el dictamen de su condición. Pese a toda curación casera, Timmy mantiene su costumbre de refrescar su flacura en la ceniza de un fogón, mientras sus raspones y peladuras se eternizan en su cuero. Los cariños que recibe varían entre los restos de comida del cual es el primer beneficiario, por encima del gato Miaú, quien es catalogado como un “flojazo”e incluso un “maricón”. A los sobrados, se le suman uno que otro grito, “oiga!”, cuando su ladrido guardián se torna molesto.

Timmy y Lolita tienen poco en común. Tal vez lo único sea su destino canino. Por fortuna Timmy se encuentra por encima, en la escala de importancia, sobre Miau y sobre los cerdos, protagonistas de recorridos diarios en busca de aspirar cualquier alimento que se asome en medio del polvo palenquero. Hasta pronto Timmy. Ya nos vemos Lolis.

Foto: Silueta de Timmy en noche de velorio en Palenque, febrero, 2009.

sábado, 31 de enero de 2009

Los corregimientos de Colombia


El fogón prende de manera espontánea. Se prepara arroz con pollo, similar a una olla comunitaria que hierve con comentarios, chistes y bromas. La comida reúne y regocija. El caldero se instala en los patios o a la orilla de ríos o arroyos. El paseo de olla es un arte que manejan como nadie los jóvenes de los corregimientos de Colombia. Ya quisiera ver uno a jóvenes urbanos, talentosos con lo electrónico, pero inciertos a la hora de prender un fogón de leña.

El arroz con pollo, atizado con la chispa de la leña, es tan sólo un elemento más que tienen en común los corregimientos de Colombia. Ubicados en la última escala del ordenamiento territorial, son una especie de hijos de segunda categoría de las cabeceras municipales, vástagos huérfanos frente a la administración regional y retoños no reconocidos por el poder nacional. En el pasado y en el presente, he tenido la oportunidad de visitar corregimientos de la Costa Caribe colombiana. Todos ellos comparten la alegría de sus pobladores, quienes apegados a su terruño superan cuánta dificultad depara la existencia material.

El primer aspecto en común es el de estar articulados por calles polvorientas e irregulares. Solares amplios donde se cuelga la ropa, se crían animales y se siembra pan coger. El sueño del pavimento puede llevar indefectiblemente al traslado de los males de las ciudades de concreto a ambientes apacibles y poco intervenidos por la mano arrasadora del desarrollo. De lo que sí no hay duda es de que al menos las vías de acceso deben garantizar el tránsito más allá de épocas de sequías y lluvias, que permitan el ingreso de productos y la conexión con el mundo exterior. No es el caso de muchos corregimientos e incluso municipios, aislados de la codicia exterior, pero también de los beneficios que trae consigo la articulación con los mercados regionales.

Este es el caso de Flores de María, corregimiento del municipio de Sabanas de San Ángel, clavado en las montañas del Magdalena. Pese a ser la tierra del legendario Juancho Polo Valencia y de su renombre por la dolorosa melodía de Alicia Dorada, Flores se mantiene similar a como la dejó Juancho Polo. Aislada y enclaustrada en sí misma, lejana y a la vez místicamente famosa.

La violencia, viva en cada esquina colombiana, se hace latente en los corregimientos de Colombia. No por voluntad de sus habitantes, sino por la incursión de unos y otros, movidos por la sed de tierras, recursos y control a sangre y fuego. Escenarios donde la violencia se ha desatado con la máscara horripilante de las masacres y los desplazamientos. Incluso algunos tan aislados, por fortuna, que ni la violencia llega. He ahí, otro aspecto común.

Y la precariedad. No sólo de las vías, callejones polvorientos e irregulares. También por los servicios intermitentes y caprichosos de agua y luz, la ausencia en ocasiones del gas natural, la nula disposición planificada de las basuras, la inexistencia de un alcantarillado, una educación sometida a las calenturas del trópico, un sistema de salud subordinado a la dinámica de los clientes cuyos derechos se suelen respetar muchas veces mediante las acciones de tutela. Una realidad que se asoma lejana a la hora de soñar con que el retrete no necesite de un baldado y permita tirar de la cisterna, abandonar la totuma y pasar a la ducha. Por fortuna, siempre está cerca un río o un arroyo, lugar que garantiza el agua y que no facilita entender porque resulta necesario pagar por “una agua que siempre ha estado ahí”. Lógicas encontradas.

Eso sí, las antenas de celular brotan como maleza, aseguran el negocio hasta en el rincón más escondido de la geografía nacional y demuestran que las fuerzas del mercado todo lo pueden. Y la esperanza. La esperanza del destete y la municipalización. La expectativa de administrar los recursos, de los males que desaparecen y de las necesidades que se atienden.

Es el caso de Flores de María, así como el de Mingueo (corregimiento de Dibulla, La Guajira), cuyas condiciones no difieren mucho, aun a pesar de estar atravesado por la troncal del Caribe. El de Palenque de San Basilio, patrimonio inmaterial de la humanidad, famoso y pujante, digno de admiración. Sin embargo, igual de quedado en materia de infraestructura como la cabecera ubicada en Mahates, Bolívar. Si la cabecera está en lo mínimo, ¿qué esperar frente a sus corregimientos? Es el caso de muchos corregimientos, pese a todo ello, unos y otros bailan al caminar, cantan al hablar, gozan con lo elemental.

Los corregimientos de Colombia encarnan esa realidad que para algunos se ubica en lo premoderno, pero que tienen su propia dinámica, colmada de virtudes y plagada de necesidades. Exigen una atención que a partir de la comprensión de su lógica permita un avance autónomo y acorde a las realidades locales. ¿Será el fomento de la cultura del pago en los servicios públicos, la pavimentación o la municipalización, la solución? Sospecho que tal vez no…

Por Nicolás Cárdenas Angel

miércoles, 21 de enero de 2009

Una burla a la libertad


Parecía un chiste de mal gusto. Una de aquellas bromas que luego de ser contada no genera más sino hastío y censura por parte de la audiencia. O parecía, en su defecto, una de las muchas ironías del mundo real. El pasado 13 de enero el presidente saliente de los Estados Unidos, George W. Bush, impuso la “Medalla de la Libertad”, a su principal aliado en Latinoamérica, el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez.

¿De la Libertad? ¿De Bush a Uribe? De una parte aquel considerado como el peor presidente de la historia norteamericana, protagonista de múltiples burradas, de invasiones con excusas inventadas y de una incapacidad visible en sus ojos torpes y faltos de chispa. De otra parte, el adalid de la seguridad democrática, el mesías obsesionado en silencio con la reelección, quien considera a la oposición como terrorista y quien tuvo éxito al vender la fórmula de la guerra por encima de siquiera tener una disposición al diálogo. Las cosas que hay que ver.

Para rematar, dijo Bush, que gracias a Uribe Colombia evitó “convertirse en un Estado narco”. ¡Las ironías de la vida! Como cuando Uribe, a propósito de las pirámides que ofrecían el dinero fácil ante un empleo escaso y una paga paupérrima, declaró que había que “erradicar la cultura mafiosa en el país”. ¿Y en dónde estamos? En un Estado atrapado en las garras de los grupos paramilitares, con alianzas sabidas con el ejército y la policía, con un presidente que busca la reelección a cambio de dádivas y presiones, con una guerrilla atontada con el negocio del narcotráfico, con una población que todo lo aguanta y que pesca donde puede.

¿Y ahora le otorgan la medalla de la libertad? La misma libertad que encontraron los desaparecidos de Soacha, o los secuestrados que aun permanecen en el monte, o los desplazados encarcelados en las calles urbanas con carteles al cuello que piden ayuda. O la de los recientes allanamientos a centros culturales tachados de focos de formación insurgente.

Por fortuna, Bush parece ser cosa del pasado. Vivimos en la era del contraste de un negro, de herencia y de nombre africano y musulmán, ahora instalado en la Casa Blanca. Decía una voz fraterna que en ocasiones, personajes como Bush, logran acelerar procesos de cambio. Su obsesión antiterrorista logró la elección de un demócrata afroamericano, quien se asoma como una pizca de esperanza en mundo convulsionado. Y por fortuna, también, en su discurso de posesión no se pronunció la palabra terrorismo y por el contrario se reconoció que “esta crisis nos ha recordado a todos que sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece sólo a los ricos”. Ojala algo haya escuchado Uribe, con José Obdulio a la cabeza.

Quien sabe si estos ocho años de seguridad democrática sean suficientes para acelerar procesos en Colombia. Tal vez se necesitan más, o de no, será “la hecatombe”, tal y como lo anunció la mismísima voz profética del presidente. Ojala no sea necesario que pase tanto tiempo para que Colombia deje de ser el hijo bobo y lambón de Estados Unidos, para pasar a ser un adulto soberano y autónomo, quien tenga las riendas de su propio destino. Al menos, la figura paternal ha cambiado. Ya veremos que nos depara nuestra suerte como colombianos.

Sabía usted que...

...el pasado viernes 16 de enero, funcionarios del DAS cobijados bajo una orden de allanamiento proferida por la Fiscal 304, incursionaron en el edificio ubicado en la Av Calle 32 No. 13 – 45 en la ciudad de Bogotá. La orden estaba justificada por la búsqueda de explosivos que iban a ser usados por las FARC en posibles atentados en la capital. Lo que allí funciona en realidad son centros culturales, como El Salmón (piso 2) y Piso Tr3s, lugares de encuentro cultural de jóvenes capitalinos. Pues bien, los funcionarios entraron sin seguir las medidas establecidas, rompieron puertas y rejas, y destrozaron publicidad de protesta contra el gobierno. ¿Es esa la libertad? Ahora se entiende la Medalla otorgada por Bush al presidente Uribe.

Imagen tomada de: Bacteria, http://bacteriaopina.blogspot.com/

 

sábado, 10 de enero de 2009

Mata el alma y la envenena


 Vivimos en un mundo en el que nos han enseñado a creer en opuestos. En el bien y el mal, en el cielo y el infierno, en el amor y el odio, en lo negro y lo blanco. No se nos enseñó a amar sin ataduras, a hacerlo tan solo por la fortuna de conocer a ese otro, a esos otros. Por eso cuando amamos, exigimos, cuando odiamos, esperamos lo peor. Mejor sería no esperar nada, incluso, cuando se ama.

¿Qué decir frente al conflicto entre judíos y palestinos? ¿Es la arraigada costumbre de explicar todo a partir de opuestos la opción más clarificadora? Cuestión en suma delicada e incluso atrevida para un colombiano, de valores católicos poco reconocidos, pero en el fondo aceptados a regañadientes. Que los palestinos árabes habitan su territorio desde tiempos inmemoriales. Que los judíos, raza con tesón existencial y fervor religioso, capaz de sobreponerse a persecuciones por siempre y por muchos, tuvieron también su reino judío bajo David y Salomón. Que la situación actual es producto de la incapacidad de occidente por enfrentar el holocausto y por su costumbre poco sana de intervenir por doquier. Que los ingleses, luego de la ocupación en Palestina por 30 años y promesas de estados tanto a árabes como a judíos, se lavaron las manos y dejaron armado el chispero. Y que la situación fue heredada por unas Naciones Unidas recién creadas, que decidieron sin más ni más la división del territorio palestino en 1948. Uno judío y uno palestino, pero en la práctica un solo Estado, el de Israel.

La situación anterior, condimentada con fanatismos, armas y radicalismos, es el germen de la situación actual. El sionismo, de forma irónica y desfachatada, empieza a parecerse cada vez más a un nacionalsocialismo semita. El peligro que encarna siempre la creencia de ser un pueblo elegido. Históricamente, los judíos fueron perseguidos por romanos, cristianos cruzados y los tristemente célebres pogromos* en Europa. Por lo general cristianos, por lo general de occidente. Históricamente judíos y árabes tuvieron una relación amistosa, tolerante e incluso floreciente para unos y otros, como sucedió en la península Ibérica con los antepasados de los judíos sefardíes. Así que tenemos un conflicto televisivo en el oriente próximo (próximo a occidente) y producido en occidente. Una franja acosada, dividida y escenario de mutilaciones, justificadas bajo la imposible distinción entre lo militar y lo civil en un campo de refugiados. Israel tiene contra las cuerdas al pueblo palestino y a manera de un tanque de oxígeno, el radicalismo de Hamas se asoma como la única alternativa. ¿Morir luchando o vivir masacrado?

Así como no se nos enseñan las tonalidades grises que dividen al blanco y al negro, tampoco se no instruye en la tolerancia de quien nada espera. “O estás conmigo o estás contra mí”, hemos escuchado en boca de imbéciles imperiales y lacayos bananeros. La venganza. La venganza que invade y bombardea a ciegas por la (¿auto?) afrenta (¿inventada?) de tumbar unas torres gemelas, la venganza ciega y prepotente de la seguridad democrática contra todo lo que huela a terrorismo, la venganza de Israel por el llanto de sus muertos, la venganza árabe por los atropellos cometidos en Palestina. El derecho a la defensa justifica toda agresión, y así, el odio crece como una bola de nieve rumbo al abismo.

Decía de manera inocente el Chavo que “la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”. Imagínense envenenar algo que ya está muerto. En esa senda de quien odia esperando lo peor, nos encontramos. ¿Será posible vivir sin esperar nada a cambio? ¿Es esa la tolerancia o será ese el amor verdadero?

*Pogromo o pogrom, “Matanza y robo de gente indefensa por una multitud enfurecida” (DRAE), por lo general asociado a la persecución contra el pueblo judío.

Nicolás Cárdenas Angel

nicolas08@gmail.com

Caricatura tomada de Bacteria, http://bacteriaopina.blogspot.com/